Dentro de las manifestaciones artísticas, producto del desarrollo del arte de la última mitad de siglo, se encuentra el cuestionamiento al gran cubo blanco y ascéptico que llamamos Museo. Este último ha tenido que dinamizarse y, de alguna manera, volverse más blando. Para algunos, el espectador no debe llegar a la obra de arte, sino que es la obra de arte la que se debe aproximar al observador, con el fin de seducirlo. Y más aún, en una cultura como la nuestra, donde el ciudadano promedio no acostumbra visitar galerías, museos ni auditorios.
Agustín Osorio, Oscar Monsalve y Olga Lucía Gazabón construyeron, como ejercicio, un Museo Rodante, con el fin de realizar una exposición itinerante por las distintas plazas del Centro Histórico. Después del protocolo de inauguración (simulacro que incluía discurso del curador, entonación del Himno Nacional y un coctel), los espectadores pudieron apreciar la muestra de pintura que agrupaba trabajos de sus compañeros de semestre. La muestra recorrió durante un día diferentes espacios e interactuó con los transeúntes que se encontraba a su paso.
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